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"Señor, pongo toda mi confianza en Ti, y en tu infinita bondad y misericordia. Tú me creaste por amor; por amor me redimiste. También me santificarás por amor".

 

PAULINA VON MALLINCKRODT resulta ser una mujer demasiado osada para su tiempo. Nace el 3 de junio de 1817, por lo que este año celebramos el Año Bicentenario de su Natalicio; hija de Bernardine von Hartmann, Católica originaria de Paderborn y de Detmar von Mallinckrodt, Protestante y alto funcionario de Gobierno del Estado de Prusia. 

Conocer a Dios a quien amaba mucho siempre fue su inquietud; su mayor felicidad fue servir a Dios sin reserva; entregarle su persona, su amor y todo su ser, prolongando esa experiencia en el amor a los demás, en especial a los más pobres. Por ello, responde con audacia a las necesidades sociales de su entorno. Un día colocó avisos en todas las Iglesias de Paderborn solicitando señoras para atender a los enfermos pobres en sus hogares; veinticuatro señoras se unen al grupo “Miembros activos de la Asociación para la atención de los Enfermos Pobres en sus hogares”, Paulina se hizo cargo de la Secretaría y gestionó el ingreso de enfermeras que realizaran el turno de la noche con los pobres y enfermos; cuidado nocturno que lideró Paulina.

Cubierta esta necesidad sobrevino una mayor, madres pobres y enfermas no tenían cómo cuidar a sus hijos; Paulina busca solución sin vacilar. Las señoras respondieron alquilando un lugar para la guardería en el Jardín Alexius, en medio de Paderborn, que acogería a estos niños y los de las madres pobres que trabajaban todo el día. A ellos, se sumarían más tarde los niños ciegos para quienes Paulina gestionó el estudio del alfabeto Braille y diversas manualidades.

Estas experiencias abrieron en ella el deseo de ser religiosa… Con el paso del tiempo, cuando el Obispo Auxiliar Sr. Claussen le aconseja que funde una congregación. Ella reconoce en ese consejo la voluntad de Dios, reflexiona y prontamente acepta a pesar de las dificultades. Así nace y funda la Congregación de las Hermanas de la Caridad Cristiana, Hijas de la Bienaventurada Virgen María de la Inmaculada Concepción, el 21 de agosto de 1849.

El florecimiento de la Congregación en Alemania, enfrenta más tarde una dura persecución religiosa, con el cierre de la mayoría de las filiales, dificultades que no la desanimaron, muy por el contrario la hicieron esperar aún más en la fidelidad de Dios. “Que se cumpla en nosotras la voluntad de Dios, sea que seamos con El perseguidas, crucificadas, glorificadas… No debemos perder el ánimo; para aquellos que aman al Señor todo redunda en bien”.

Paulina no estaba lejos de tener razón… Por la Providencia de Dios se abren nuevos campos de acción en América del Norte y del Sur. El 3 de Noviembre de 1874, provenientes de Alemania, llegan las doce primeras religiosas a Chile, estableciéndose en Ancud, desde donde irradiarán la luz de la Caridad a otras ciudades del país.

Su personalidad y carácter responden a las exigencias del momento y rápidamente se adapta a las nuevas circunstancias. Se sabe que después de recibir una mala noticia, Madre Paulina permanecía a menudo, un largo tiempo en oración… ¡he ahí el secreto de su amor y fidelidad!

En cada nueva etapa de su vida trata de conocer los nuevos dones y las nuevas exigencias de Dios, y sabe armonizar la iniciativa propia con la total disponibilidad. La expresión “como Dios quiere” es característica de toda su vida.

Su firme fe e inquebrantable confianza como su capacidad de tratar a las personas y sus asuntos se armonizan de manera tal que de allí brota una fuerza vivificante y original en ella. Es la esencia de su vida con Cristo en el Santísimo Sacramento que ilumina y fructifica su vida entera. Su medida siempre será dar la vida por amor como la dio Jesús en la cruz, siguiendo el ejemplo de la servidora, intercesora, maestra y protectora María Inmaculada.

Con este ímpetu y animada por el Espíritu el 7 de noviembre de 1879, la Madre Paulina, entonces Superiora General, visita Chile y en su viaje al sur pasa por Lebu y Corral, Valdivia; el 19 de Noviembre llega a Ancud. “Dios bendiga a Chile, tierra hermosa, y bendiga el apostolado de mis queridas hermanas”, fueron sus palabras de despedida.

La Iglesia es para la Madre Paulina la maestra y guardiana de la fe; por ello trabajó arduamente por acrecentar la comunión eclesial y la colaboración con su obra y misión. Así, el amor a Dios y al prójimo son para Paulina una unidad viviente, “por amor a Ti, quiero amar a mi prójimo como a mí misma. La vocación que he elegido me pide doblemente el amor”, escribió a la edad de 26 años.

Madre Paulina muere el 30 de abril de 1881, a la edad de 64 años. Fue Beatificada por el Papa Juan Pablo II el 14 de abril de 1985.

En comunión con la Congregación y la Red de Colegios Inmaculada, celebramos al Año Bicentenario del Natalicio de Madre Paulina que hemos iniciado el 2014 con el signo de la Cruz Peregrina y que culminaremos con especial gozo, elevando nuestra gratitud a Dios por los doscientos años de la obra de amor de esta mujer que nunca nadie pudo detener en su afán de servicio y entrega a los demás.

 

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